Origen de la Casa Liberium
Bajo los cielos ancestrales de la Escuela Mágica de Ibernia se forjó la Casa Liberium, cuando la propia magia decidió entrelazar el destino de cuatro estirpes sagradas.
La primera de ellas, los Prietum, eran temibles y fuertes componentes de los bárbaros que dominaban las heladas islas del norte y surcaban mares impetuosos a bordo de su drakkar. Una estrellada noche, en mitad del abismo oceánico, vislumbraron una silueta acuática con el aspecto de una nutria. La presencia de tal criatura en alta mar despertó su asombro, más aún cuando el ser comenzó a hacerles señas imperiosas para que lo siguieran. Guiados por su indomable valentía, persiguieron a la criatura hasta desembarcar en la península. Allí contemplaron cómo aquella forma hecha de agua pisaba la tierra firme sin deshacerse; clavando su mirada en ellos como un desafío directo, los incitó a internarse tras sus pasos, algo que los guerreros aceptaron de inmediato y sin conocer el miedo.
La segunda estirpe, Neskak, integraba un antiguo y sabio akelarre que empleaba la magia primigenia, el entendimiento profundo de la naturaleza y una sincera empatía para amparar y proteger a sus vecinos. Durante una noche, mientras practicaban magia alrededor del fuego sagrado, presenciaron cómo una llama dorada con la forma de una nutria se desprendió de la pira para posarse suavemente sobre la hierba, sin quemar absolutamente nada. Intrigadas ante un poder tan deslumbrante que jamás habían visto, decidieron seguir a la criatura ígnea tierra adentro, movidas por el afán de ampliar sus conocimientos arcanos y extender su mano protectora a nuevas personas.
La tercera familia, los Oñatum, moraba en la solemnidad de las montañas, dedicando su vida a la selección de plantas y a la exploración de grutas oscuras para obtener distintas tinturas con las que dar vida a sus creaciones artísticas. Al descubrir una abertura oculta tras unos arbustos, se adentraron en la penumbra de una nueva cueva. En el suelo hallaron dibujos de una nutria que parecía trazar un mapa hacia las profundidades del bosque. Poseyendo las facultades de un buen oráculo mágico, Oñatum vislumbró que si lo seguía podría encontrar un sitio especial donde compartir sus conocimientos y aprender de otros. Convencida por su visión, optó por copiar el mapa místico y seguirlo a lo largo de varias lunas.
El cuarto linaje, los Canongboton, dominaba el arte de la madera, construyendo casas, herramientas y barcos mediante diversos procesos, entre los que empleaban el fuego para endurecerla. Un día, observaron cómo el humo de su labor se tornaba más negro y un fuerte viento provocaba que adoptara la forma de una nutria. Tras discutir por la imposibilidad de que ese ser fuera real, la criatura mágica se separó del resto de nubes negras. Impulsados por perseguir su sueño de libertad y conocer a nuevas personas, optaron por seguirla internándose en el bosque.
Tras el discurrir de varias lunas, las cuatro familias se encontraron en el camino. En su encuentro comprendieron que compartían el mismo sentido de libertad, así como los intereses de compañerismo y convivencia que lograron fortalecer su unión cada vez más. Una noche, Oñatum relató su visita a la cueva y les mostró el mapa. Al compartir cada familia sus experiencias con la nutria, se percataron de que ese ser mágico que habían visto los quería unir: la Tierra de Oñatum, el Agua de los Prietum, el Fuego de Neskak y el Viento de Longboton juntos en un mismo lugar, Ibernia.
Con la libertad como idea central, decidieron formar la Casa Liberium, otorgando los colores dorado de la tierra y negro de la noche a su escudo, como representación de la dualidad entre el agua y la tierra que muestra la nutria, la noche y el día, el mundo mágico y los muggle.
Desde entonces, proclamaron con orgullo su lema eterno: «Sé libre para ayudar a los demás y facilita la convivencia para juntos ser más fuertes».