Archivo de la Escuela de Magia Ibernia

Las Fundaciones

Elige un escudo para viajar directamente al relato de su casa.

Cántiga de la Casa Simurg de Plata

Capítulo I. De Peregrinos a Guardianes. La fundación

Plumas de plata y azul zafiro, sabiduría ancestral.

Aquejos peregrinos, guiados por un recio viento y sintiendo en el alma la firme voz de Vesela que los llamaba, hicieron pie en un paraje hasta entonces desconocido. Tras atravesar frondosos bosques mágicos, enfrentarse a oscuros enigmas y divisar criaturas jamás antes por ojo humano contempladas, hallaron al fin la morada del destino.

Allí se les apareció el Simurg mágico, de plumaje azul zafiro y plata, el cual, al batir sus majestuosas alas, hizo emerger de las sombras una fortaleza escondida. La vetusta criatura les transmitió una inmensa sabiduría y les encomendó el noble y pesado deber de erigir una casa mágica, fundada en los pilares inquebrantables de la sabiduría, la protección y la responsabilidad.

Ante la turbación y el desconcierto que embargaban a los peregrinos, la sabia Vesela, quien adoptó el apellido Simurg, se ofreció para prestarles socorro en tan grande empresa, y alzó para su resguardo la Atalaya de Plata, desde donde habrían de velar y proteger a los suyos por siempre jamás.

Para sellar el pacto eterno entre la criatura y la casa, el Simurg escogió la cima de la gran atalaya como su lugar de reposo. Desde allí, en lo más alto del torreón, el ave veladora descansa observando el horizonte sobre el agua, mientras el viento plateado que brota de sus alas susurra antiguos secretos y consejos a los jóvenes magos que custodian el lugar.

Desde entonces, el lema de la casa es “La sabiduría marca el rumbo, la responsabilidad sostiene el vuelo”.

Todos los recibimos en sueños

Esos cervatillos se nos aparecieron en el mundo onírico.

Sentimos que nos atraían a la Serranía de Cuenca.

Desde diferentes puntos de Ibernia, viajamos hasta aquí donde nos recivieron los cervatillos. Ellos nos guiaron a Monteagudillo y nos reunieron.

Allí nos sorprendimos al ver que todos llevábamos chocolate y descubrimos el motivo de nuestro viaje: Calmar los conflictos de los dioses.

De repente, todos al unísono inconscientemente recitamos:

“traemos paz en forma de chocolate”.

Apareció ante nosotros una copa muy peculiar.

Al dejar nuestras viandas en el recipiente, un brillo cegador comenzó a brotar de la copa. Cuando recuperamos la visión, pudimos ver a nuestros guías, los cervatillos, convertidos en las diosas Hécate y Artemisa.

Ellas recogieron la ofrenda y, desapareciendo lentamente, escuchamos sus voces en el claro del monte, diciendo:

“Os elegimos como nuestra familia elegida
Pax Theobroma,
No hay paz sin chocolate”.

Origen de la Casa Liberium

Bajo los cielos ancestrales de la Escuela Mágica de Ibernia se forjó la Casa Liberium, cuando la propia magia decidió entrelazar el destino de cuatro estirpes sagradas.

La primera de ellas, los Prietum, eran temibles y fuertes componentes de los bárbaros que dominaban las heladas islas del norte y surcaban mares impetuosos a bordo de su drakkar. Una estrellada noche, en mitad del abismo oceánico, vislumbraron una silueta acuática con el aspecto de una nutria. La presencia de tal criatura en alta mar despertó su asombro, más aún cuando el ser comenzó a hacerles señas imperiosas para que lo siguieran. Guiados por su indomable valentía, persiguieron a la criatura hasta desembarcar en la península. Allí contemplaron cómo aquella forma hecha de agua pisaba la tierra firme sin deshacerse; clavando su mirada en ellos como un desafío directo, los incitó a internarse tras sus pasos, algo que los guerreros aceptaron de inmediato y sin conocer el miedo.

La segunda estirpe, Neskak, integraba un antiguo y sabio akelarre que empleaba la magia primigenia, el entendimiento profundo de la naturaleza y una sincera empatía para amparar y proteger a sus vecinos. Durante una noche, mientras practicaban magia alrededor del fuego sagrado, presenciaron cómo una llama dorada con la forma de una nutria se desprendió de la pira para posarse suavemente sobre la hierba, sin quemar absolutamente nada. Intrigadas ante un poder tan deslumbrante que jamás habían visto, decidieron seguir a la criatura ígnea tierra adentro, movidas por el afán de ampliar sus conocimientos arcanos y extender su mano protectora a nuevas personas.

La tercera familia, los Oñatum, moraba en la solemnidad de las montañas, dedicando su vida a la selección de plantas y a la exploración de grutas oscuras para obtener distintas tinturas con las que dar vida a sus creaciones artísticas. Al descubrir una abertura oculta tras unos arbustos, se adentraron en la penumbra de una nueva cueva. En el suelo hallaron dibujos de una nutria que parecía trazar un mapa hacia las profundidades del bosque. Poseyendo las facultades de un buen oráculo mágico, Oñatum vislumbró que si lo seguía podría encontrar un sitio especial donde compartir sus conocimientos y aprender de otros. Convencida por su visión, optó por copiar el mapa místico y seguirlo a lo largo de varias lunas.

El cuarto linaje, los Canongboton, dominaba el arte de la madera, construyendo casas, herramientas y barcos mediante diversos procesos, entre los que empleaban el fuego para endurecerla. Un día, observaron cómo el humo de su labor se tornaba más negro y un fuerte viento provocaba que adoptara la forma de una nutria. Tras discutir por la imposibilidad de que ese ser fuera real, la criatura mágica se separó del resto de nubes negras. Impulsados por perseguir su sueño de libertad y conocer a nuevas personas, optaron por seguirla internándose en el bosque.

Tras el discurrir de varias lunas, las cuatro familias se encontraron en el camino. En su encuentro comprendieron que compartían el mismo sentido de libertad, así como los intereses de compañerismo y convivencia que lograron fortalecer su unión cada vez más. Una noche, Oñatum relató su visita a la cueva y les mostró el mapa. Al compartir cada familia sus experiencias con la nutria, se percataron de que ese ser mágico que habían visto los quería unir: la Tierra de Oñatum, el Agua de los Prietum, el Fuego de Neskak y el Viento de Longboton juntos en un mismo lugar, Ibernia.

Con la libertad como idea central, decidieron formar la Casa Liberium, otorgando los colores dorado de la tierra y negro de la noche a su escudo, como representación de la dualidad entre el agua y la tierra que muestra la nutria, la noche y el día, el mundo mágico y los muggle.

Desde entonces, proclamaron con orgullo su lema eterno: «Sé libre para ayudar a los demás y facilita la convivencia para juntos ser más fuertes».

EL ORIGEN DE LA CASA VERDE

- ADALO CARMIO GRAGO -

Los manuales de la historia de Ibernia dedican a la Fundación de la Casa Verde tres líneas. Pero el origen no fue así.

Ibernia se erigió hace mucho tiempo. Once de la zona del noeste de Ibernia subieron desde un valle en búsqueda de un dragón. Esas tres familias no se conocían pero tenían en común mucho más de lo que creían.

Según cuenta la leyenda, en esa zona del noreste de Ibernia habitaban dragones. Así pues, tras los rumores de un nuevo huevo de dragón oculto en un bosque decidieron ir en su búsqueda; encontrando por el camino a otro viajero de la zona oeste.

Esas noche los doce decidieron encender una hoguera. En ese momento las espuruas trazaron un mapa mágico ante sus ojos.

Sin demora iniciaron la marcha. El camino ya estaba fijado. Recorrieron el camino marcado y llegaron hasta una cueva; donde allí se encontraba el huevo del dragón. Los seis niños rodearon el huevo que eclosionó en ese mismo instante.

El dragón nació. Miró a los seis niños y con voz grave dijo. “ADALO CARMIO”.

Los seis adultos lo entendieron antes de que el dragón hablara. Los seis pequeños tenían nombres nuevos.

El dragón al recibir el nombre les entregó el poder del Fuevo Verde. Fuego que les proporcionará: HONESTIDAD, VALOR, SABIDURÍA Y PODER.

El dragón pidió que el verde no se apagara nunca. El dragón ya los había elegido. Cuatro familias, cuatro hogares:

  • Los SABIUS PEREMTUN. La palabra.
    Del latín “sapiens” y “peremtun”: “El saber que zanja”.
    Sin la palabra el fuego no sabe a quién obedece.
  • Los SPIRITA. El aliento.
    “Aire”. Ningún fuego vive sin aire.
  • Los SEBASTIAN. El juramento.
    Del griego “sebastós”: el que merece respeto.
    Su parte no fue encender, fue promoter.
  • Los VIKINGOS. La travesía.
    Los que vinieron del agua y subieron la montaña por donde nadie sube. Sin ellos las tres familias seguirían esperando en el valle.

“La palabra lo nombra. El aliento lo mantiene. El juramento lo guarda. La travesía lo trajo.” Cuatro sagas, un fuego.

Los doce pertenecen al verde antes de que el verde existiera. Los que vengan después serán elegidos.

De todo aquello quedó lo que hoy se cose en el estandarte y tres palabras que se dicen juntas:

ADALO CARMIO DRAGO

ADALO de Alex, Daniel y Lorien. CARMIO de Carla, Mia y Ona. Y DRAGO por lo que despertó cuando se juntaron.

Seis nombran y seis guardan.

“EL PRIMER FUEGO FUE VERDE”.

ADALO CARMIO DRAGO

Alex
Daniel
Lorien Drago
Carla
Mia
Ona

CPVPC Aitor
Christopher
Patricia
Vicente Aitor
Pilar
Carlos

Fuego Verde
Honestidad, Valor, Sabiduría y Poder

Familias
Sabius Peremtun. Spirita. Sebastián. Vikingos.

3 Sep. 2026

↑